A un libro que sale de casa no le pasa nada durante unas semanas, y luego le ha pasado todo a la vez. La cuestión es que no se estropea de golpe ni al azar: se estropea por partes y en un orden bastante previsible, y casi siempre por el mismo sitio.

Saber cuál es ese orden sirve para dos cosas. La primera, entender qué está protegiendo cada solución que te venden. La segunda, y más útil, darte cuenta de cuándo no necesitas ninguna.

Qué se estropea primero

1. Los cantos

Los bordes de las páginas son lo primero, y con diferencia. Van descubiertos, sobresalen del bloque y rozan contra todo lo que hay en el bolso: la cremallera, las llaves, la costura interior, el propio forro. En un libro normal el resultado es un gris sucio que ya no se va.

En una edición con cantos tintados o pintados el destrozo se ve mucho antes, porque el color está aplicado sobre el borde del papel y desaparece por rozadura. Si has pagado ocho o diez euros de más precisamente por eso, es la parte que menos te conviene llevar al aire.

2. Las esquinas

Después van las esquinas, y no las cuatro por igual: la de abajo del lado de la portada es la que primero se dobla, porque es la que va apoyada contra el fondo del bolso y la que recibe cada vez que dejas el bolso en el suelo. En tapa blanda se redondea; en tapa dura se abolla el cartón por dentro y ya no vuelve.

3. La sobrecubierta

Si el libro es de tapa dura, la camisa de papel es la pieza más frágil que lleva encima y la más difícil de reponer: se arruga por los bordes, se rasga por las pestañas y basta un roce continuado para dejarla marcada. Mucha gente la quita para viajar, que es una solución perfectamente razonable si tienes dónde dejarla.

4. La humedad, que no avisa

La botella que gotea, la lluvia de tres minutos, la toalla de la playa. El papel absorbe, se ondula al secarse y el libro nunca vuelve a cerrar del todo plano. Es el único daño de esta lista que se produce entero en un momento y contra el que ninguna funda de tela protege. Conviene decirlo pronto.

Y uno que no es del bolso: el lomo

El lomo agrietado no lo causa el transporte, lo causa leer: abrir el libro más de la cuenta para que se quede quieto en la mesa. No hay funda que lo arregle porque el problema ocurre con el libro abierto. Si te importa el lomo, lo que hay que cambiar es cómo lo sujetas, no lo que le pones alrededor.

Cuatro formas de llevar un libro, y de qué protege cada una

Suelto en el bolso

De nada. Es exactamente el escenario donde ocurren las cuatro cosas de arriba, y es cómo viaja la mayoría de los libros. No hay más que decir.

En un compartimento aparte

Gratis y mejor que nada. Si el compartimento va vacío, aísla el libro de las llaves y de los golpes contra el resto de cosas. Lo que no evita es el roce contra la propia tela del bolso —que sigue comiéndose los cantos— ni la humedad. Es media solución, pero es media solución que ya tienes.

Forro de plástico adhesivo

Protege la tapa del agua y del roce, y para un libro de texto que va a pasar un curso entero en una mochila es la respuesta correcta. Tiene dos problemas para lo demás: no cubre los cantos ni las esquinas, que es donde está el daño real, y es irreversible. En una edición cuidada estás cambiando un acabado bonito por una capa de plástico para siempre.

Funda de tela

Envuelve el libro entero, así que los cantos, las esquinas y la tapa quedan dentro y dejan de tocar nada. Es lo que mejor resuelve el roce y el golpe, que son los dos daños acumulativos, los que llegan sin que te des cuenta.

Y lo que no hace, porque también toca decirlo: no es impermeable. Una funda de tela ante una botella abierta gana tiempo y poco más. Si el problema que tienes es el agua, lo que necesitas es una bolsa estanca, no una funda bonita.

Cómo se elige la talla, y por qué no hay tallas

Dos novelas de la misma colección y del mismo sello pueden llevarse cuatro o cinco milímetros de grosor según el papel que haya usado la imprenta ese año. Por eso un sistema de tallas S, M y L no funciona con libros: o queda holgado y el libro baila —que es justo lo que querías evitar—, o no cierra.

Lo que hace falta son tres medidas del libro cerrado:

  • Alto y ancho de la tapa.
  • Grosor del lomo. Es el que todo el mundo se salta y el que decide si la funda cierra.

En nuestras fundas hay un atajo: si no te apetece medir, nos pasas el ISBN y calculamos el patrón nosotros. La mayoría de los modelos de la colección están pensados para bolsillo y tapa blanda, que son los formatos que de verdad viajan; para tapa dura o para un tamaño concreto, se hace por encargo.

Cómo se lava y cuánto aguanta

A mano, agua fría, jabón neutro y secado al aire. Ni lavadora ni secadora, y esto no es una recomendación de precaución: el centrifugado deforma la tela y el calor de la secadora encoge de forma desigual el tejido y el hilo, que es como se abre una costura.

Las nuestras se cosen con hilo encerado y llevan costura francesa en el remate interior, con lino, algodón o terciopelo según el modelo. Tratada así, una funda dura más que la mayoría de los libros que va a proteger.

Cuándo no necesitas una funda

Esta es la parte que no suele estar escrita en ninguna página que venda fundas, y es la que hace útil al resto del artículo.

  • El libro que no sale de casa. En una estantería no le pasa nada salvo por el sol directo, que decolora los lomos. Eso se arregla moviendo la estantería, no comprando nada.
  • El de bolsillo barato que vas a dejar en un albergue. Una funda de doce euros para un libro de nueve es la operación al revés. Ese libro está para eso.
  • El de la biblioteca. Ya viene forrado, y además no es tuyo.
  • La edición ilustrada de ochocientas páginas. Ese libro no cabe en el bolso ni lo vas a llevar a ningún sitio. Su enemigo es el polvo y el sol, no la cremallera.
  • Si nunca sacas un libro de casa. Entonces esto no va contigo, y no pasa nada.

Dicho de otra forma: una funda tiene sentido cuando hay un libro concreto que hace trayectos, no como equipamiento general de lector.

Qué son las nuestras

Ya que el artículo va de esto, conviene ser concreto en vez de dejarlo en un enlace.

Hay once modelos en la colección de fundas. Las estampadas van de 9,90 € a 14,95 €. La colección artesanal de edición limitada —Abeja 1894, Arabesco, Brixton 1870, Carta Antigua, Mi Lectura— está en 40 €, y Erizo y Setas en 20 €. Se cosen a mano, una a una, en España, y las tiradas son cortas: cuando se agota un estampado no vuelve.

Dos cosas que es mejor saber antes de encargar que después. La venta es por contacto, no por carrito: se escribe y se cierra el pedido por email. Y las devoluciones no son iguales para todo: las telas estándar admiten catorce días; las fundas de medida o con tela a petición, no, porque se cortan para un libro concreto y no sirven para otro.

Si tienes dudas con un libro en particular, lo más rápido es escribirnos con las medidas o el ISBN. Y si quieres ver el taller y las telas antes de nada, está en la página de las fundas artesanales.

Preguntas frecuentes

¿Una funda de tela protege de verdad o es solo decorativa?

Protege de las dos cosas que más estropean un libro que viaja: el roce y el golpe. Al envolver el libro entero deja dentro los cantos, las esquinas y la tapa, que es justo lo que se come la cremallera del bolso. De lo que no protege es del agua: la tela no es impermeable y con una botella abierta al lado da igual lo que lleves.

¿Sirve para libros de tapa dura?

Algunos modelos sí y otros están pensados para tapa blanda, porque el grosor cambia el patrón. Lo honesto es mirar las medidas de la ficha del modelo o escribirnos con las de tu libro. Para una tapa dura grande —una edición ilustrada de ochocientas páginas— la respuesta suele ser que ese libro no viaja, y entonces no necesitas funda.

¿Cómo mido mi libro para pedir una funda?

Alto, ancho y grosor del libro cerrado, en milímetros. El grosor es el que casi todo el mundo olvida y el que decide si la funda cierra o no. Si te da pereza medir, pásanos el ISBN y calculamos el patrón nosotros.

¿Se puede lavar una funda de tela?

A mano, con agua fría y jabón neutro, y secado al aire. Ni lavadora ni secadora: el calor y el centrifugado deforman la tela y fuerzan la costura, y una funda cosida a mano no está pensada para eso.

¿Es mejor una funda de tela o forrar el libro con plástico adhesivo?

Depende de qué libro sea. El forro adhesivo protege la tapa del agua y del roce, pero no cubre los cantos ni las esquinas y es irreversible: en una edición cuidada te cargas el acabado para siempre. Para un libro de texto que va a sufrir, tiene sentido. Para una edición con cantos tintados, no.

¿Qué pasa con los cantos tintados o pintados?

Son lo primero que se estropea, porque el color está aplicado sobre el borde de las páginas y se va por rozadura. Basta con que el libro baile suelto contra la cremallera unos cuantos trayectos. Si has pagado de más por una edición con cantos de color, es el argumento más claro que hay para envolverla.

¿Cuánto cuesta una funda de tela para libros?

En nuestra colección, las estampadas van de 9,90 € a 14,95 €, y la colección artesanal de edición limitada está entre 20 € y 40 €. Las de medida se presupuestan por encargo, según la tela y el tamaño del libro.

Si has llegado aquí porque acabas de comprarte una edición cara y no quieres estropearla, quizá te sirvan también la guía de libros con cantos decorados y si los estuches merecen la pena. Y si el problema es más de casa que de bolso, cómo montar un rincón de lectura que de verdad uses.