Si has mandado tu manuscrito a algún sitio y te han contestado en tres días con un correo entusiasta, un «informe de valoración» y un presupuesto, este post es para ti.

Conviene decirlo claro desde el principio: una empresa que cobra por publicarte no está haciendo nada ilegal ni necesariamente malo. Los servicios de autoedición existen, son legítimos y algunos están bien ejecutados. El problema es otro: se anuncian con vocabulario de editorial, ocupan los primeros puestos de Google cuando buscas «cómo publicar un libro», y mucha gente firma convencida de que la han seleccionado por su manuscrito.

Esto va de saber en cuál de las dos cosas estás antes de poner una firma.

La respuesta corta

Una sola regla, y no falla:

En una editorial, el dinero va siempre hacia el autor. Si en algún punto del proceso el dinero va del autor a la empresa, no es una editorial en el sentido tradicional: es un servicio.

Da igual cómo se llame la partida —«contribución a la primera tirada», «compromiso de compra de ejemplares», «aportación a la campaña de lanzamiento», «coedición»—. La dirección del dinero es lo que define el modelo.

Lo que dice la ley (y casi nadie cita)

Esto no es opinión de blog. El texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual define el contrato de edición en su artículo 58, y la frase clave es esta: el editor se obliga a reproducir y distribuir la obra «por su cuenta y riesgo».

La consecuencia es más grande de lo que parece: si los costes los pone el autor, lo que estás firmando no es jurídicamente un contrato de edición. Será un contrato de prestación de servicios, que es perfectamente válido, pero no es lo mismo y no te da lo mismo.

La ley añade otros dos requisitos que sirven de detector:

  • Artículo 60: el contrato tiene que ser por escrito y expresar, entre otras cosas, el número máximo y mínimo de ejemplares de la edición.
  • Artículo 46: la remuneración del autor es proporcional a los ingresos de la explotación.

Si el papel que te han mandado no dice cuántos ejemplares se van a imprimir, ya sabes algo importante de él.

Los tres modelos y cómo se llaman de verdad

  • Edición tradicional. La editorial asume corrección, portada, maquetación, imprenta y distribución. Tú cobras entre el 8 % y el 10 % del precio sin IVA. No pagas nada, nunca.
  • Autoedición o servicios editoriales. Contratas un paquete de servicios y lo pagas. Tú conservas los derechos y decides. Es un modelo legítimo, y el precio debería poder compararse con contratar por separado a un corrector y a un ilustrador.
  • Coedición. El coste se reparte entre autor y editorial, en teoría porque comparten el riesgo. Es la etiqueta más ambigua de las tres: bajo ese nombre hay desde acuerdos razonables hasta pagar el 100 % de la producción a cambio de un porcentaje.

En España, las dos empresas que más aparecen en las búsquedas de publicación son Caligrama —que en su propia web se presenta como «la editorial líder en autoedición» y cuyo pie de página identifica a Grupo Lantia— y Letrame, que se anuncia como autopublicación. Ninguna de las dos esconde su modelo: está escrito en su web. Lo que pasa es que autoedición y editorial suenan casi igual cuando llevas dos años escribiendo una novela y por fin alguien te dice que sí.

Ninguna publica tarifas cerradas: se trabaja por presupuesto. Eso no es sospechoso por sí solo —depende del libro—, pero sí significa que tienes que pedir el número por escrito antes de nada.

Ocho señales

Ninguna es concluyente por separado. Tres o más juntas ya dicen bastante:

  • Responden en días. Una editorial tradicional tarda de tres meses a un año, porque hay alguien leyendo una pila. Una respuesta en 48 horas con valoración incluida no viene de una lectura.
  • El correo elogia sin concretar. «Una voz fresca», «un manuscrito con gran potencial». Nada sobre la trama, los personajes ni un capítulo concreto. Si nadie menciona algo específico de tu libro, probablemente nadie lo ha leído entero.
  • Aparece un pago, con el nombre que sea. La señal definitiva.
  • Te piden comprar ejemplares. Un compromiso de compra de 100, 200 o 300 copias es el mismo pago con otro envoltorio.
  • No hay número de ejemplares en el contrato. La ley lo exige en un contrato de edición.
  • Hay prisa. Descuentos que caducan, plazas limitadas, «cerramos catálogo este mes». Ninguna editorial tiene prisa por firmarte.
  • No puedes ver su catálogo en una librería. Si sus títulos no están en la web de una librería grande o en el catálogo de una distribuidora, esa distribución no existe como te la cuentan.
  • Prometen resultados. Reseñas en prensa, presencia en ferias, «tu libro en todas las librerías de España». Nadie puede garantizar eso, y menos por contrato.

El «informe de valoración»

Merece párrafo aparte porque es la pieza que más convence, y la más fácil de comprobar.

Suele llegar en pocos días: dos o tres páginas hablando de tu voz, tu potencial y tu público objetivo. Lee cualquier informe de este tipo buscando una sola cosa concreta: el nombre de un personaje secundario, una escena, una decisión de estructura, un problema del capítulo siete. Si todo lo que dice podría aplicarse igual a otra novela distinta, no es una lectura: es una plantilla.

Un lector editorial de verdad, cuando dice que sí, te habla de tu libro. Y cuando dice que no, también.

Qué recibes en cada modelo

EditorialAutoedición de pagoAutopublicación
Pagas0 €Según presupuestoLo que contrates
Cobras por ejemplar8-10 % del PVPSegún contrato60-70 %
Quién elige la portadaLa editorialSe negocia
Distribución en libreríasSegún lo contratadoNo
DerechosCedidos X añosNormalmente tuyosTuyos
Filtro de calidadSí, y duroNingunoNinguno

La última fila explica casi todo lo demás. Lo que compras cuando una editorial te acepta no es la impresión —imprimir es barato— sino que alguien con criterio haya dicho que sí, y todo lo que viene detrás de ese sí: distribuidora, prescriptores, mesas de novedades. Eso es lo que ningún paquete de servicios puede vender, por bien ejecutado que esté.

Cómo comprobarlo tú mismo en cinco minutos

No hace falta fiarse de listas de internet. Cuatro comprobaciones y sales de dudas:

  • Busca tres de sus títulos en una librería online grande. No en Amazon, que admite prácticamente cualquier cosa: en una cadena librera. Si no están, no hay distribución en librería.
  • Mira quién firma las novedades. Un catálogo donde casi todos los autores debutan y ninguno repite es un catálogo de servicio, no de sello.
  • Pregunta por escrito: «¿tengo que pagar algo, en cualquier concepto, en algún momento?» La respuesta a esa frase exacta, por correo, vale más que cualquier reseña.
  • Pide el contrato antes de decidir y busca dos cosas: el número mínimo y máximo de ejemplares, y el porcentaje de regalías. Si falta alguna, ya tienes tu respuesta.

Qué preguntar antes de firmar

Da igual el modelo — si te las contestan todas por escrito, estás en terreno seguro:

  • ¿Cuánto pago yo, en total, contando todo?
  • ¿Cuántos ejemplares se imprimen y quién se queda el sobrante?
  • ¿Qué porcentaje cobro por ejemplar vendido y sobre qué precio se calcula: con IVA o sin él?
  • ¿Cuántos años dura la cesión de derechos y cómo la recupero?
  • ¿Qué distribuidora trabaja el catálogo? (Nombre concreto, comprobable.)
  • ¿Quién corrige el texto y qué tipo de corrección incluye?
  • ¿Me pasáis liquidaciones periódicas y con qué frecuencia?

Si ya has firmado

No es el fin del mundo y conviene bajar el drama:

  • Léete la cláusula de duración y la de rescisión. Es lo primero que hay que saber: cuándo recuperas los derechos.
  • Guarda todos los correos. Lo que te prometieron por escrito antes de firmar importa.
  • Si el servicio contratado se ha prestado, has comprado un servicio. Caro o barato, eso es lo que hay. La pérdida grande no suele ser el dinero: es tener el libro publicado y por tanto cerrado para las editoriales, que casi ninguna acepta textos ya editados.
  • Para lo siguiente, no hay prisa. Tu próximo manuscrito puede ir por la vía tradicional desde el principio.

Y si lo que quieres es publicar de verdad

Hay dos caminos que no cuestan dinero, y los dos están explicados con las cuentas al lado:

Y si todavía estás decidiendo, la comparativa de las cuatro vías con lo que cobras en cada una está en cómo publicar un libro en España.

Preguntas frecuentes

¿Es legal que una editorial cobre por publicar?

Sí. Vender servicios editoriales —corrección, maquetación, portada, impresión— es perfectamente legal. Lo que no es un contrato de edición en el sentido de la Ley de Propiedad Intelectual es aquel en el que los costes no los asume el editor: el artículo 58 dice que el editor se obliga a reproducir y distribuir «por su cuenta y riesgo».

¿Qué es la coedición?

Un modelo en el que autor y editorial reparten los costes de publicación. Es la etiqueta más ambigua del sector: bajo ese nombre hay acuerdos razonables y también casos en los que el autor paga la práctica totalidad de la producción. Lo que importa es la cifra concreta y qué recibe cada parte, no el nombre.

¿Cómo sé si una editorial es de pago?

Preguntándolo por escrito: «¿tengo que pagar algo, en cualquier concepto, en algún momento?». Y comprobando dos cosas: que sus títulos estén en el catálogo de una cadena de librerías, y que el contrato indique el número mínimo y máximo de ejemplares, que es un requisito legal del contrato de edición.

¿Cuánto tarda una editorial de verdad en responder?

Entre tres meses y un año, y muchas no responden si la respuesta es negativa. Una contestación en 48 horas con informe de valoración incluido no procede de una lectura completa del manuscrito.

Me piden comprar ejemplares de mi propio libro, ¿es normal?

En edición tradicional, no. El autor suele recibir un número de ejemplares gratuitos y puede comprar más con descuento, pero nunca como condición para publicar. Un compromiso de compra obligatorio es un pago con otro nombre.